domingo, 24 de febrero de 2008
Boris
Las mujeres hermosas desnudas nunca coinciden
Con las hermosas vestidas
Naturalmente, tendremos excepciones
Mi mujer, para empezar. También la suya
Si ha escrito usted estas líneas
Pero yo no lo creo: miente usted como yo respiro
Boris Vian
gente estupenda como el pequeño saltamontes, que lo quiero sin conocerlo!
lunes, 18 de febrero de 2008
duraciones

y pude entonces explicar con palabras el sentimiento de la duración como un acontecimiento que consiste en estar atento, un acontecimiento que consiste en percatarse, un acontecimeinto que consiste en ser abrazado, un acontecimiento que consiste en ser atrapado; ¿atrapado por qué?, por un sol suplementario, por un viento refrescante, por un acorde silencioso, dulce, que afina y pone de acuerdo todas las disonancias.
Peter Handke. Poema a la duración
Angeles

Nocturno de los ángeles
de Xavier Villaurrutia
Se diría que las calles fluyen dulcemente en la noche.
Las luces no son tan vivas que logren desvelar el secreto,
el secreto que los hombres que van y vienen conocen,
porque todos están en el secreto
y nada se ganaría con partirlo en mil pedazos
si, por el contrario, es tan dulce guardarlo
y compartirlo sólo con la persona elegida.
Si cada uno dijera en un momento dado,
en sólo una palabra, lo que piensa,
las cinco letras del DESEO formarían una enorme cicatriz luminosa,
una constelación más antigua, más viva aún que las otras.
Y esa constelación sería como un ardiente sexo
en el profundo cuerpo de la noche,
o, mejor, como los Gemelos que por vez primera en la vida
se miraran de frente, a los ojos, y se abrazaran ya para siempre.
De pronto el río de la calle se puebla de sedientos seres,
caminan, se detienen, prosiguen.
Cambian miradas, atreven sonrisas,
forman imprevistas parejas...
Hay recodos y bancos de sombra,
orillas de indefinibles formas profundas
y súbitos huecos de luz que ciega
y puertas que ceden a la presión más leve.
El río de la calle queda desierto un instante.
Luego parece remontar de sí mismo
deseoso de volver a empezar.
Queda un momento paralizado, mudo, anhelante
como el corazón entre dos espasmos.